In de kijker

Grondvest

El jefe de Estado de la nueva República puede formar un gobierno en exilio en Bélgica
30-10-2017

A principios de la semana pasada sugerí en la radio belga RTBF que el presidente Puigdemont podría formar un gobierno en exilio en Bélgica.  ¿Por qué Bélgica sería una elección lógica?  Sobre todo en Flandes existe mucha simpatía hacia las aspiraciones independentistas catalanas.  Al jefe de Estado de la nueva República se le recibiría aquí con los brazos abiertos.  El partido más grande en Flandes (con aproximadamente una tercera parte de los votos) es actualmente la Nueva Alianza Flamenca, que aspira a formar una República flamenca independiente.

La N-VA también es el partido dominante en el gobierno belga.  Posiblemente como consecuencia de ello, el primer ministro belga Charles Michel no ha tardado en condenar la violencia de la Guardia Civil el 1 de octubre.  Por otra parte, el gobierno belga nunca ha condenado explícitamente el proceso catalán hacia la independencia.  De esta forma Bélgica es una excepción en la UE, y por lo tanto también un puerto libre para un gobierno catalán en exilio.

El que Puigdemont y sus ministros pueden solicitar asilo político en Bélgica ha sido confirmado ayer (29/10) de manera oficial por el secretario de Estado belga de imigración, Theo Francken (N-VA).   Francken se pregunta si España aún puede considerarse un estado de derecho normal. 

Evidentemente, esta preocupación es totalmente pertinente.  España parece estar evolucionando poco a poco hacia un ‘régimen autoritario competitivo’: intenta esconder prácticas autoritarias detrás de una fachada democrática.  España se ha convertido en un país donde uno puede desaparecer detrás de las rejas tan solo por defender pacíficamente una opinión política.  Solo que, mediante una construcción jurídica complicada, a esta práctica se le intenta dar una apariencia de legitimidad democrática.  Está muy bien que un miembro del gobierno belga desenmascare esta farsa insoportable.

Es real el riesgo de que también el actual presidente Puigdemont y sus ministros se conviertan en los próximos días en las víctimas de la represión española implacable.  Sin embargo, es difícil que la nueva República se dirija desde una cárcel en Madrid.  Por esto no sería una mala idea que Puigdemont y su gobierno huyeran a Bélgica.  Ahora que la nueva República Catalana está siendo ocupada por una potencia extranjera, esto parece ser una opción honorable.  Desde Bélgica se podría dirigir y organizar la defensa de la República.  La era digital ofrece numerosas posibilidades a un tal gobierno en exilio.  Supongo que la N-VA estaría dispuesta a ofrecer apoyo logístico y financiero. 

Sea como fuese, ese  ‘escenario belga’ me parece digno y consecuente para Puigdemont y sus ministros.  Más digno y consecuente de toda manera que participar en unas elecciones impuestas desde el extranjero. 

Bart Maddens

Terug naar overzicht